¿POR QUÉ A YESHUA SE LE DICE EL MESÍAS?

Bienvenidos a Respuestas en la Biblia. Vamos a seguir conociendo de la Palabra del Eterno y de los diferentes temas que se presentan al estudiarla. En esta ocasión, vamos a conocer la respuesta a una pregunta muy particular, la No. 76, que dice: ¿Por qué a “Yeshua” (Jesús) se le dice el Mesías? Vamos a analizarlo para entender un poco más del tema. 

Primeramente, el término Mesías, como nosotros lo escuchamos y lo escribimos, viene de la Palabra hebrea: “Mashiaj” (H4899) que significa ungido, alguien que es ungido. Usualmente, una persona consagrada o ungida (como Rey, sacerdote, o santo) con aceite Generalmente con aceite de olivo, porque es el que representa el Espíritu del Eterno, ya que, los olivos son árboles milenarios porque viven durante milenios. Son árboles muy especiales, porque, de las aceitunas que producen se extrae el aceite de olivo. De cierta manera, ungir a la persona con el aceite de olivo, representaba la idea de que, esta persona viviera o su función perdurara por muchos años, tal cual los árboles de olivo. 

El término Mashiaj aparece alrededor de 39 veces en la Biblia y, viene de la raíz “Mashaj” que significa frotar. No solamente se ponía el aceite sobre la cabeza, sino que, se frotaba sobre la persona. Esto nos recuerda el pasaje donde Yeshua es ungido. Dice que una mujer derramó aceite, no solamente sobre sus pies, sino en realidad, sobre toda su cabeza frotándolo. El término Mesías es el equivalente a la palabra en griego “Cristos” o llevado al español: “Cristo”. Entonces, cada vez que escuchemos la palabra Cristo, en el ámbito hebreo, es la palabra Mesías. 

Como les decía, el ungir era la acción de derramar aceite sobre la cabeza de la persona elegida, representando con ello, ser llena de la “Ruaj HaKodesh” (Espíritu Santo). Por lo tanto, esa persona adquiría un estatus de santidad que, por supuesto, la persona debía guardar. La persona era ungida y, automáticamente, NO significa que fuera santa o apartada, ya que la persona debía vivir acorde con el llamado que se le estaba haciendo. Se podría decir que, a partir de ese momento, la persona quedaba consagrada desde ese momento, para un servicio particular que el Eterno le hubiere asignado. La idea es que la persona tomara conciencia del llamado. Generalmente, la unción era un acto público para demostrar que Dios estaba haciendo la convocación sobre esa persona y que los presentes quedaran como testigos del hecho. Sobre el servicio en particular, la idea es que perdurara. Los llamamientos no eran temporales. Por ejemplo, en el caso del Sumo sacerdote, era un llamado hasta que la persona falleciera. En el caso del Rey, no se escogía a través de elecciones democráticas, como en muchos países de Occidente, sino que el puesto del rey iba a perdurar hasta su muerte. Lo mismo sucedía con los Profetas. 

La idea de poner el aceite sobre la persona es que, el Espíritu de Dios está sobre el individuo que está siendo convocado por el Eterno para un servicio en particular y, de cierta manera, al ser lleno del Espíritu, quedaba capacitado para cumplir con esa función especial. Era parte de lo que incluía el llamado. El Señor cuando nos hace un llamamiento, nos capacita a través de su Espíritu, entre otras formas. ¡Y vaya que este tipo de puestos o cargos lo requerirían! Imaginen el caso del Rey. Esa fue una de las primeras preocupaciones que tuvo el Rey Salomón, pues consideraba que no estaba capacitado y no tenía experiencia. Además, sentía que debía llenar las sandalias del Rey David. Al ser ungido, era una manera de corroborar que Dios estaría con él y su Espíritu estaría sobre él. Que no tuviera temor y confiara en el Eterno quien le ayudaría en todo momento a llevar a cabo esa labor. 

EL TÉRMINO “MESÍAS” NO ERA EXCLUSIVO        

El término Mesías no era para uso exclusivo de Yeshua. Porque a veces, se asume que, sólo Yeshua es el mesías o solamente Jesús es el Cristo, por decirlo así. No era una palabra única para Yeshua. Mesías no era un nombre, sino un título. Era una forma de referirse a alguien elegido o escogido, como decía Yo, por el Eterno para una misión especial. Por ejemplo, al “Cohen Gadol” (Sumo Sacerdote), también se le llamaba “Mashiaj”, es decir, ungido. De esto tenemos evidencia en Levítico 4:5:

 “Y el sacerdote ungido tomará de la sangre del becerro, y la traerá al tabernáculo de reunión;”. (Levítico 4:5 RVR60).

 La palabra ungido aquí es mesías, por tanto, los sacerdotes también eran mashiaj para el pueblo. 

Otro ejemplo, al Rey Saúl también lo llamaron ungido en 1 Samuel 26:11:

 “guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos.” (1 Samuel 26:11 RVR60). 

Es interesante, porque el mismo Rey David, lo ve así a él. Aun cuando el Rey Saúl lo está persiguiendo y pudiéndolo matar David decide no hacerlo. David lo vio con gran respeto porque sabía que Saúl había sido ungido, por lo que él estaba bajo su autoridad. Así, el Rey Saúl también fue un mashiaj o mesías.  

Por supuesto que el Rey David, es otro claro ejemplo, vamos a 2 Samuel 23:1:

 “Estas son las palabras postreras de David. Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El ungido del Dios de Jacob, El dulce cantor de Israel:” (2 Samuel 23:1 RVR60).

 Una manera tan hermosa en que se describe David, a quien también se le llama etimológicamente el mashiaj o el mesías del Dios de Jacob. 

En el caso del Rey Salomón, también es llamado mashiaj o mesías en el libro 2 Cronicas 6:42:

 “Jehová Dios, no rechaces a tu ungido: acuérdate de tus misericordias para con David tu siervo.” (2 Cronicas 6:42 RVR60).

 Este pasaje es el momento en que Salomón está consagrando, dedicando el Templo y hace una oración muy hermosa y, es en esta plegaria donde pide que no rechace a su ungido. ¿Quién es? Él mismo, apelando a los méritos de su padre David. 

Con todos estos ejemplos, nos damos cuenta de que, el término mashiaj o mesías, no era exclusivo de Yeshua. Tenemos otro ejemplo, en el que Elías unge a Eliseo para ser un Profeta, otro llamado en el que también se les ungía para poder llevar a cabo esta misión particular. Ahora, me llama mucho la atención, porque también se le puede adjudicar con este término no nada más a un israelita, sino a un extranjero, lo podemos leer en Isaías 45:1:

 “Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán:” (Isaías 45:1 RVR60).

 Aquí aun a Ciro, el Persa, es llamado y considerado como mashiaj o mesías. Por tanto, Dios puede designar a cualquier persona para sus propósitos y considerarlo como un mesías, es decir, una persona que es ungida en particular.  

¡YESHUA, NUESTRO MESÍAS!  

De aquí también aprendemos que, el término mesías no es un nombre, sino un título. Ya que, a veces, en el ámbito cristiano, se le dice: Jesús, el Cristo o Jesucristo, pero no es un nombre. Ya decíamos que es la transliteración de mesías que, en este caso, viene del griego “Cristos” pero, no es un nombre. Yeshua es su nombre. Y para transliterarlo del español al hebreo sería: Jesús el Cristo o Jesús el Mesías es Yeshua HaMashiaj. ¡He ahí la diferencia!

La diferencia principal radica en que, pudieron haber existido muchos mesías y podrá haber, incluso, muchos mesías. Pero, solo hay un mesías en particular que cumple con la misión que Dios le ha dado. Una de ellas era, justamente, morir por nuestros pecados y, con ello, llevar a cabo el plan más grande y, por llamarlo así, ambicioso que tenía el Eterno para toda la humanidad. Entonces, en este caso, por eso, se le asigna una preposición a la palabra Mashiaj que es “Ha” (El), que significa: “El Mesías”. Puede haber muchos mesías, pero “El Mesías”, solo hay UNO. Solo una persona, una figura puede cumplir con los requisitos para ser “El Mesías” y no solo mesías. Como ya vimos, incluso, Ciro era un mesías. Se le asignaba el título del mesías a una persona para una misión especial. 

Sin embargo, con el pasar de los años, los israelitas y los judíos en particular, albergaron la esperanza de que habría un mesías que, sería el libertador. Un mesías que fuera a gobernar y a ser Rey. Que traería de vuelta a las tribus de Israel. Por lo que, esta expectativa fue creciendo cada vez más, en el pueblo de Israel. Por supuesto que, cuando aparece Yeshua en los días en que Roma estaba subyugando al pueblo, pues esa esperanza estaba a flor de piel. En el “Tanak” (Antiguo Testamento), ya estaba profetizado este libertador. El elegido por Dios para redimir a Israel. Por eso, en Isaías capítulo 42, Dios dijo: “He aquí mi siervo yo le sostendré. Mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento. He puesto sobre Él mi Espíritu y Él traerá justicia a las naciones”. Por lo tanto, la idea de una persona ungida, -por eso decíamos que el aceite representaba la “Ruaj” (Espíritu) de Dios-, estaría sobre él. Entonces, a este libertador o figura, fue a la que se le acuñó este término de “El Mesías” o “HaMashiaj”. 

Fueron los apóstoles quienes, junto con pocas personas en ese momento, identificaron o reconocieron que Yeshua era “ese” Mesías particular, profetizado. Que no era un mesías más. Si no, que era verdaderamente “El Mesías” de Israel. “El Mesías” Salvador de Dios. 

Esta declaración la hace Pedro y, Yeshua la reconoce como cierta en Mateo 16:13-17:

 “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16:13-17 RVR60). 

Aquí Pedro le dijo: Tú eres “El Mesias” o “HaMashiaj” porque Cristo significa ungido en hebreo. Esto NO se le ocurrió a Pedro, si no que le vino por inspiración divina efectivamente. Aquí vemos como toda la esperanza de “El Mesías” que habría de venir a liberarlos fue revelada a unos cuantos. Yeshua no lo mantuvo velado completamente, porque cuando se le da el rollo del profeta Isaías y Él lee el pasaje particular que era considerado como mesiánico, es decir, que hablaba de “El Mesías”, Él mismo dice al enrollarlo de nuevo: “Esto se ha cumplido el día de hoy”. Diciendo en otras palabras: “Yo Soy del que se habla” o “Yo Soy ese ungido que fue llamado para dar las buenas nuevas a los pobres, libertad a los cautivos, etcétera”. 

En el evangelio de “Yohanan” (Juan), Yeshua también se revela como “El Mesías” pero, como en este caso y, en algunos otros, siempre que lo hace, lo realiza en el contexto de la región de Galilea de los Gentiles o de las diez tribus de Israel. Cuando se encuentra en Judá o Jerusalén, Él no lo hace abiertamente, ni les permite a sus discípulos que lo hagan tampoco. En este caso, se encuentra en la región de Samaria. Donde tiene una conversación con esta mujer a la que le da la revelación de su vida, que jamás se pudo haber imaginado al haber ido por agua en Juan 4:25-26:

 “Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.” (Juan 4:25-26 RVR60).

 La esperanza estaba vigente, hasta los samaritanos la tenían. Cuando Él viniera le enseñaría, les explicaría y les revelaría todas las cosas. En ese momento: Yeshua se revela a ella. ¡Wow! Yo creo que le ha de haber palpitado el corazón al mil por hora. De hecho, este es el propósito del evangelio de Yohanan, si alguien ya llegó al penúltimo capítulo del libro, se va a dar cuenta del propósito de éste. Está revelado en Juan 20:31:

 “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Juan 20:31 RVR60).

 No solo es la esperanza de creer por creer, si no que sabemos que, Él es el Hijo de Dios y nos da una promesa de tener vida en su nombre. ¡Qué maravillosa promesa! Si creemos lo que está escrito en este evangelio, creeremos que Yeshua es El Mesías. Por tanto, Juan llegó a esta conclusión como lo hizo Pedro en su momento. 

PROFETAS, REYES Y SACERDOTES: UNGIDOS POR DIOS                

Ya dijimos que los Profetas eran ungidos. Los reyes al ser elegidos o declarados como tales también eran ungidos. Los sacerdotes al inicio de su ministerio igualmente eran ungidos. Yeshua, como elegido de Dios, cumple con estos tres roles. Además, es el único que lo puede llevar a cabo. La prueba más contundente de que Yeshua es “El Mesías” y no solo como por el título que se le da, si no porque es verdaderamente el ungido de Dios, es la ¡Resurrección! 

Si Yeshua no hubiese resucitado, dudaríamos de sus palabras, de su obra, de la eficacia de su ministerio y sacrificio. Pero, resucitar es la garantía de que, efectivamente Dios, está aceptando todo lo que Él hizo y que está cumpliendo cabalmente su llamado. Entonces, Yeshua ya vino como profeta y como siervo. Está desempeñando, en este momento, ese papel de Cohen HaGadol (Sumo Sacerdote), intercediendo por todos. Y, finalmente, regresará como el Rey de Israel. Por eso, es “El Mesías” justamente, no es cualquier mesías. 

Aunque aun no haya tomado su papel como Rey y, esté pendiente por cumplirlo; sabemos que lo tomará cuando regrese y gobierne el mundo entero.  Estos son los ejemplos que tenemos en la Escritura y, yo espero que, para nosotros sean de bendición conocerlos y reafirmen nuestra fe en Yeshua, como “El Mesías”. 

Espero que haya sido de bendición para tu vida y que lo compartamos con aquellos que sabemos que también necesitan escuchar esto. 

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